Como comenzar a servir a Dios por Gabriela Morales

Muchas veces creemos que para vivir en el propósito que Dios tiene para nosotros requerimos de una entrega y apartamiento especial, pensamos que se requiere de un gran sacrificio y que debemos de dejar todo lo que hacemos y soñamos para agradarlo. En mi experiencia, yo siempre había pensado en que para vivir la vida que Dios tiene planeada para mí, debía de apartarme de todo, y si bien es cierto que cuando le das el sí a Dios, él se encarga de ir limpiando tu vida y tu interior y por ende va quitando de tu camino las cosas y las personas que no te edifican y que te hacen daño, debemos ser conscientes de que seguiremos viviendo en este mundo, aunque no seamos de este mundo y que los sueños que tenemos en nuestro corazón, los tenemos porque Dios los ha puesto ahí y que si nos encontramos en un lugar específico de trabajo, estudio o vivienda es porque Dios nos ha dado esa tierra para gobernar y tomar autoridad sobre ella y sobre lo que opera en ella y en los que nos rodean.

 

Todos los seres humanos somos únicos y lo que uno hace el otro no lo puede replicar, el alcance que una persona tiene en su lugar de trabajo o estudio, no es el mismo alcance que otra persona tiene, aunque se encuentren en el mismo lugar. Lo que hoy quiero compartir contigo es una de las experiencias que me han abierto los ojos y que me han hecho ver las cosas de diferente manera.

 

Seguir el propósito que Dios tiene para nuestras vidas no es tan difícil como lo pudiéramos imaginar, seguir el propósito que Dios tiene para nuestras vidas puede ser tan fácil como caminar, es cuestión de ir dando un paso a la vez, es cuestión de irnos ejercitando poco a poco, es un proceso que “continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo” (Ef. 4:13). Para vivir la vida que Dios tiene para nosotros, es cuestión de compartir lo que Dios ha depositado en nosotros, las palabras que nos ha dicho, la esperanza que nos ha dado, la fe que ha ido fortaleciendo en nosotros, consolar, así como él nos ha consolado, exhortar, así como él nos ha llamado a hacer las cosas.

En uno de mis viajes, casi después de haber estado un mes en un lugar me di cuenta de que no había hecho nada “especial” por Dios, no me había esforzado y no había ido más allá en mi relación con él. No pasó mucho tiempo cuando al estar en una reunión con una persona, ésta, después de haber discutido temas de trabajo, comenzó a llorar y a compartir las preocupaciones que la tenían turbada, sin dudarlo comencé a preguntarle a Dios qué debía decirle, el Espíritu Santo trajo a mi mente lo que debía decirle y comencé a orar con ella, a animarla a luchar y seguir adelante para vencer la situación en la que se encontraba.

Para mí, fue algo que pudo haber sido normal hasta cierto punto, consolar y animar a alguien que se siente triste. Hace pocos días recibí un correo de esta persona en donde me decía que gracias a que la había escuchado y la había dejado llorar conmigo cuando más lo necesitaba, sin juzgarla y brindándole la confianza de decirme sus cosas sin que tuviera temor de que las compartiera con alguien más y al hablarle de Dios se había dado cuenta de mi fe y me decía que le gustaría que compartiéramos más de esa fe juntas. Al ver ese correo y leer sus palabras me di cuenta de que hacer la voluntad de Dios en ese momento que tuve con ella para compartir mi fe, no me llevó ni mucho tiempo, ni mucho sacrificio, ni dejar todo ni a todos, ni dejar de hacer lo que me gusta, sino que estando en el trabajo en donde estoy, con la gente que me rodea, puedo hacer la voluntad de Dios y que el trabajo que hago para vivir y que disfruto, no tiene por qué estar peleado con hacer la voluntad de Dios.

Leer su correo electrónico hizo darme cuenta de que aún con acciones que nos pudieran parecen pequeñas podemos conquistar la tierra que nos fue dada, y que al final, la suma de varias acciones pequeñas, darán fruto en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean. Hoy te invito a que no subestimes lo que puedes hacer por alguien que está cerca de ti, acércate, interésate, pide al Espíritu Santo que te guíe y da el paso de fe, comienza a servir a Dios.

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