El Fruto del Espíritu: La Paciencia por Martha Laura Perez

Porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Hebreos 10:36

La paciencia  virtud  que  es  fundamental desarrollar en el carácter del ser humano. Se la define como la capacidad de soportar con resignación todo tipo de molestias y cargas; es la capacidad de saber esperar y contenerse. En el contexto bíblico, la paciencia implica tolerancia, la aptitud de soportar algo sin alterarse; la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho, y está asociada también a la resistencia ante la adversidad y la fuerza para tolerar a otros.

 

Una persona paciente es apacible, amable y constante en toda circunstancia. La verdadera prueba de la paciencia no está en la espera, sino en cómo se conduce uno mientras espera. “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Sant. 1:4). Llegar a ese punto requiere práctica, demanda la gracia de Dios, y una disposición de poner el yo a un lado y entregarse a la dirección del Espíritu Santo. Las buenas noticias son que, si aprendemos paciencia, estaremos en condiciones de recibir también muchas otras bendiciones de Dios.

 

No olvidemos por otra parte que la paciencia es un fruto del Espíritu Santo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Ahora nos podemos preguntar, ¿cómo hago para desarrollar la paciencia en mi carácter? La respuesta la encontramos en las Escrituras: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia” (Romanos 5:3);  “sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:3). Como puedes ver, la paciencia está íntimamente relacionada con la forma en que enfrentamos las adversidades y las  cargas de todos los días.

Recordemos entonces que nuestro Padre es un Dios de paciencia: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra  enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de  las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” (Romanos 15:4-5). Entonces nos propongamos hoy a desarrollar la paciencia y seamos pacientes para con los demás, porque Dios lo es con nosotros. De esta manera podremos alcanzar las promesas contenidas en las Escrituras.

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