Mi Gran Pastor (Salmo 23) por Juan Jaime Marroquín Ahumada

Dios nos ha creado a su imagen y semejanza. También nos ha dado libre albedrío para tomar decisiones en nuestra vida, las cuales dependen directamente de nosotros y nos pueden llevar por distintos caminos y consecuencias, esto es, cada quien es responsable de estas decisiones.

Cuando conocí a Cristo a través de una relación íntima y profunda con Él basada en oración, intercesión y lectura de su palabra, mi vida cambio y se transformó, incluso mi carácter cambio positivamente. Dios se convirtió en mi Gran Pastor.

Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia es el Salmo 23, de hecho me lo sé de memoria y recurro en mi oración a repetirlo frecuentemente, ya que abarca varios aspectos de mi vida siendo estos físicos, mentales, emocionales y espirituales.

Al entregar mi vida a Cristo mis necesidades están satisfechas más allá de lo necesario y en abundancia. Reconozco que en mi debilidad humana los excesos, gastos inútiles y superfluos me han hecho pasar por situaciones difíciles (pero de mucho aprendizaje), por medio de las cuales Dios siendo que nunca mi ha dejado, si me ha pulido como un diamante en bruto, pasando de dolor, angustia, ansiedad, desesperación a un gozo, descanso, restauración, regocijo y gloria por su presencia (Salmo 23:1-3).

Dios no descansa, está pendiente de sus hijos día y noche, me protege ante la adversidad, me da consejo, aliento, restauración (Salmo 23:4). Él es el único que puede ser absolutamente incondicional si nos entregamos por completo, seguimos su camino y mandamientos.

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