Regocijémonos y Alegrémonos en su Salvación por Jorge Iglesias

«En aquel día se dirá: «¡Sí, éste es nuestro Dios; en él confiamos, y él nos salvó! ¡Éste es el Señor, en él hemos confiado; regocijémonos y alegrémonos en su salvación!»»

Isaías 25:9 NVI

Debemos sentirnos orgullosos de decir a los demás quién es nuestro Dios, en quién hemos confiado y así también, debemos vivir como personas sabedoras de que Dios nos ha dado la salvación, esto es, llenos de alegría y regocijo.

En la medida en que somos conscientes de que Dios nos ha dado la vida eterna por medio de Jesucristo, podemos vivir con mayor alegría y regocijo, enfocados en las cosas que trascienden en lo eterno. Cuando creemos de corazón que Cristo ha dado su vida en la cruz y que gracias a ese sacrificio podemos ser partícipes de la salvación, nuestros problemas terrenales dejan de preocuparnos. Ya no me preocupo por mi trabajo porque sé que es el Señor quien decide cuándo y en donde trabajaré (Col. 3:23-24), puedo gozarme en las pruebas porque sé que Dios quiere llevar a feliz término toda buena obra (San. 1:2-3), de igual manera, puedo gozarme en todas las promesas que aún no han llegado a mi vida porque sé que tengo un Dios amoroso que se complace en bendecirme.

La alegría y el regocijo son sin duda dos de los sentimientos más bellos que existen y el Señor se complace en dárnoslos en su infinita misericordia. Ahora, si nos encontramos pasando por alguna situación difícil, podemos reconfortarnos al recordar que nos espera una vida en la que ya no habrá llanto, ni muerte, ni lamento, ni dolor (Ap. 21:4), podemos reconfortarnos en saber que estaremos una eternidad alabando a Dios y experimentando su presencia en una medida mucho más grande a la que experimentamos en esta vida. ¡Gracias Señor, alabado seas!

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