Un corazón ofendido por Ana Itzel Espinosa

Un día asistí a un evento cristiano, en el cual hubo un mal entendido y salí muy regañada, mi corazón inmediatamente se sitió ofendido.  Fue una verdadera lucha interna la que tuve después de este evento. Así que en mi corazón concluí dos opciones: o me retiraba de la persona que me regaño y permanecía ofendida o ponía todo a los pies de Jesús y seguía en donde estaba.

La persona que me regaño era una profeta de Dios, y siempre estuvo en mi corazón tener una amistad con ella, lo que Dios me lo concedió.

Sabía que si yo seguía con esa amistad iba a recibir bendición. Así que decidí hacer a un lado mi corazón ofendido y lo puse a los pies de Jesús. El día de hoy pongo en una balanza las bendiciones que gracias a esa amistad he recibido, que si hubiera elegido seguir ofendida muy probablemente me hubiera perdido.

 

El día de hoy, yo te invito a que si tu llegas a estar en una situación en la cual tu corazón esta ofendido porque un pastor o líder o un hermano no te saluda o porque hay un mal entendido, no te enganches y ponlo a los pies de Jesús .   No nos clavemos en un solo puntito que hay en una hoja blanca, sino en toda la hoja blanca. Nuestros ojos deben de estar puestos solo en Jesús, el es el único perfecto, sin pecado. Y trata de rodearte siempre de gente de reino, gente que bendiga tu vida, que te enseñe, que te edifique.

 

Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.  Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios.  Cuando Cristo —quien es la vida de ustedes[a]— sea revelado a todo el mundo, ustedes participarán de toda su gloria. Colonisences 3:2-4

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