Siendo Honesto por Mariel Marcos

Estamos tan acostumbrados a querer presentarle una versión perfecta de nosotros mismos al Señor. Luchamos con todo nuestro ser de enseñarle a Dios que tenemos una fe perfecta, que cumplimos con los requisitos necesarios para demostrarle que somos dignos de que nos de su amor y todos aquellos beneficios que tenemos el ser un creyente. Sin embargo, nos olvidamos que es nuestro Papá, que como todo padre o madre, conoce a cada uno de sus hijos a la perfección.

Nos hemos olvidado de ser honestos con nuestro Papá, queremos entrar en Su presencia recitando himnos, palabras elegantes y cumpliendo con requisitos que para nuestro entendimiento implican entrar en ella, cuando realmente desde que dispones tu corazón para buscar Su presencia, Él ya está ahí esperándote con brazos abiertos. Papá quiere hijos honestos, hijos que le abran sus corazón, hijos que confíen en que Papá estará ahí esperándolos sin importar el horario o la situación. Durante éste último tiempo me di cuenta que muchas veces quería entrar en su presencia diciéndole lo que yo pensaba que Él quería escuchar para que me recibiera, fingiendo ser una hija que no se queja, que no tiene problemas y jugando a que todo estaba bien y que solo buscaba Su voluntad.

 

Sin embargo, eso no me estaba funcionando, cada tiempo que buscaba estar a solas con Él, el tiempo era seco, sin frutos, mi corazón se queda completamente igual de angustiado; salía igual que como entraba. Pero ahora, experimento la misma verdad que Habacuc llegó a comprender y esa es que con Papá puedes ser honesto y, como cualquier hijo en lo natural con sus padres, le puedes hacer las preguntas difíciles. Habacuc le hizo preguntas delicadas al Señor: ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? Habacuc se acercó al Padre siendo honesto, realizando preguntas difíciles y quejándose. Quejándose de las maneras de Dios, quejándose de los tiempos de Dios y quejándose de las circunstancias. Pero es en ese momento de honestidad que el Señor comienza a transformar, es ahí donde comienza a revelarnos, comienza a cambiar nuestra manera de ver las cosas y es ahí donde la más bello sucede, cambia nuestra queja en adoración y solo Él puede hacer eso. A nuestro Papá no le asustan nuestras cosas, Él simplemente quiere escucharlo de nosotros aunque ya lo sepa, literalmente solo quiere fomentarnos a tener con Él una relación de verdad, una relación llena de intimidad en su máximo esplendor y eso solo sucede cuando decidimos hablar con la verdad; dejando las mascaras, el maquillaje y la actuación atrás.

Fingir con nuestro Padre no solo es cansado, enfría nuestra relación con Él porque como lo mencione con anterioridad, salimos de nuestros tiempos de intimidad igual que como entramos y eso solo nos desanima. Hoy lo quiero animar a que lo intente, cuéntele cada detalle, cada pensamiento, cada sentimiento, realícele las preguntas que tanto ha querido por más “obscuras” que sean y vea como transforma su queja en adoración, su tristeza en gozo, su miedo en valentía y su desanimo en esperanza!.

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